lunes, 4 de febrero de 2008

lunes 11:00 am


Tengo que hacer cosas, muchas cosas pendientes. Repaso la lista mentalmente, me niego a anotarlas. ¿ Para qué?, si después no las miro o tengo que buscar por todos los bolsillos el maldito papelito. ¿ Por qué las hago a veces, si después no me olvido nada?. Vete a saber...

Sin embargo, cuando encuentro alguna nota dormida en el fondo de mi bolso o en una chaqueta que hacía mil años que no usaba, me encanta leerla. Fíjate, ¿ para qué necesitaría esto ?, ¿ vendría alguien a casa?, ¿ por qué anotaría esto, si yo no lo uso?. Y a través de unas palabras, de unos recados, una lista de productos que comprar, compongo un pedacito de mi vida. Insignificante, tal vez. Anodino, puede ser. Pero sí, una parte de mi andadura.

Como esta mañana , y retomo el discurso, que andando por mi ciudad, mientras miraba los ojos de la gente y dejaba filtrar lo que acontecía a mi alrededor, atendí a mi vocecita interior que hablaba quedamente, apenas un susurro, y me dí cuenta de que era lunes.

Un joven con corbata naranja chillón y andar perdido. Una pareja joven cogidos de la mano, como quien coge un carrito de la compra. Una mujer tapada de la cabeza a los pies que miraba al infinito. La camarera con una mueca parecida a una sonrisa, que no entendía mi lenguaje. Un jubilado que hacía monerías porque al parecer le daba el sol en la cara. Un repartidor apresurado que se para de repente, casi sin poner los intermitentes , ante la sorpresa de un conductor despistado. El funcionario de correos más gris que nunca.
Ni un niño, ni un pájaro en la plaza. Ni una pizca de brisa en una mañana encapotada.

Miro y observo la ciudad, sus gentes y al cielo. No miro mi lista porque no la tengo. No repaso mentalmente porque no me apetece hacer el mínimo esfuerzo.Y me dejo llevar y decido volver a casa. A esperar, que llegue otro día.